MARTE, DESDE EL CIELO NOCTURNO ZACAPANECO
Algo que escribí a maitines...
MARTE, DESDE EL CIELO NOCTURNO ZACAPANECO
Marte, el planeta rojo, está ahí, sobre nosotros, espectacular, brillante, solo. A pesar que el cielo en esta noche zacapaneca del 27 de agosto de 2003, está muy nublado y no se aprecia ninguna otra luminaria celeste, Marte está ahí brillando solo en medio de la noche oscura. Ningún otro astro lo acompaña y puede decirse que de veras señorea hoy en la plenitud del firmamento.
Volví a levantarme, pasada la medianoche, y lo estoy admirando aun desde el patio de mi casa. Me levanté para ver si ya estaba clara la noche; pero no, lamentablemente sigue nublado. Pero Marte está ahí, alumbrando soberbiamente solo, en el momento en que, según los astrónomos, se ha acercado lo más posible a la Tierra. Talvez se acercó a nuestras vecindades unos 5 mil millones de Km., de los 90 mil que nos separan de él, y ya no volveremos a verlo de nuevo tan «cerca», porque este acontecimiento volverá a suceder dentro de unos cientos de años más...
Hermoso ver esto y, particularmente valió la pena el desvelo, porque este hermoso planeta, que siempre hemos visto brillar en el cielo de la noche con su resplandor rojizo, nos ha dado hoy la oportunidad de apreciarlo fulgurando solitariamente en el cielo, como demostrándonos que verdaderamente se acercó a nuestro conturbado planeta, aunque sea unos cuantos miles de millones de kilómetros.
Este suceso me llama la atención por dos cosas interesantes que tienen que ver con este desconcertante astro (y no es si existe o no vida sobre su rocosa superficie o si hay en realidad agua, como parecían indicar las fotografías hasta ahora conocidas, como las de las misiones Viking y Mariner 9, de la década de 1970).
La primera, es la conmoción que produjera en los oyentes el célebre actor y director de cine norteamericano Orson Welles, cuando a través de una transmisión radiofónica narrara vívidamente la dramatización de una visita que ficticiamente hiciera un grupo de horrorosos marcianos a la Tierra, haciendo tan magistralmente la adaptación de la novela «La guerra de los mundos», que la gente que escuchó esta narración, creyó en realidad que era cierto y provocó literalmente un horrendo pánico en varias ciudades de los Estados Unidos. En verdad, y lo sabemos bien hoy, en Marte no existe vida ni mucho menos las condiciones apropiadas para ello, como lo tiene nuestro privilegiado planeta, que se encuentra situado en el lugar perfecto con relación al Sol, para albergar vida animal y vegetal, ni más allá ni más acá del Astro Rey, lo cual le permite poseer una atmósfera ideal, que no la tiene ninguno de los otros astros que conforman nuestro sistema planetario.
La otra, es la impactante noticia de los asombrosos resultados de la misión de la Mars Pathfinders en julio de 1997, 21 años después de que amartizara la primera nave de la NASA en Marte y a 1 de que el Mars Global Surveyor, en 1996, con su cámara de alta resolución, enviara aquellas portentosas imágenes del planeta rojo desde sus inmediaciones, que asombraron y desconcertaron al mundo, por lo detallado de su información. Tengo a la vista las increíbles fotografías de la revista National Geografic de agosto de 1998 y febrero de 2001, donde se muestra el asombroso paisaje marciano y sus innumerables sorpresas: inmensos cráteres y cañones, laderas y mesetas rocosas con grandes declives, casquetes polares, volcanes gigantescos y una superficie llena de agujeros producidos por impactos de meteoros. Pero sobre todo, los desconcertantes indicios de agua vistos en las imágenes del Surveyor.
Todavía me sorprende la edición de 1998 de esta connotada revista. Traía incluidas unas gafas para ver en tercera dimensión las imágenes de este misterioso planeta, producto de la misión Pathfinder que se posó allí y del vehículo sonda Sojourne que, paseándose por el paisaje marciano, lo exploró y grabó imágenes y datos que asombraron al mundo. Bellísimo, en realidad.
Esto lo apunto, correspondiendo a una llamada telefónica que desde la Ciudad Imperial de Carlos V, me hiciera mi hija Claudia Verónica con respecto al famoso acercamiento del planeta rojo. «Papá, en Cobán no hemos podido ver bien el planeta Marte, porque está muy nublado. Ojalá que en Zacapa tengan mejor suerte».
Pasadas las 4 de la mañana del día 28, regreso a la cama, con muchas incertidumbres con relación a nuestro Universo, pero plenamente convencido de que vivimos en un bello planeta, indiscutiblemente el mejor de todo el sistema solar.

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